sábado, 26 de diciembre de 2020

Discípulos creativos

Creatividad e innovación son dos conceptos que se correlacionan entre sí y que hacen referencia a un cambio o transformación de manera intencionada en aras de una mejora substancial, esto puede significar una praxis completamente inédita o que, existiendo previamente, sea una novedad en el contexto que se sugiere aplicar (INITE, 2011). 

Al hablar de creatividad es inevitable no hacer mención del Creador por naturaleza. En Dios, la creatividad encuentra su descripción gráfica. Ya quedaba testimonio en el hebreo “barah” (creación ex nihilo) de las dotes artísticas del agente divino que fue capaz de imaginar tanta belleza a partir de la nada. El acto de La Creación hace alusión al concepto de innovación en el más puro y estricto sentido de la palabra.

Cuando miramos al cosmos podemos darnos una idea de la complejidad que envuelve todo lo que existe y el orden que lo gobierna; ya exclamaba el salmista: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: «¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?»” (Salmos 8:3-4, RVR1995), pero en efecto eso fue lo que sucedió, cuando Dios se encarnó en Jesucristo nos permitió conocer a Aquel que con el poder de su Palabra ordenó que existiese la Tierra y con sus preciosas manos nos dio forma. 

La vida de Jesús fue una irrupción para el conservadurismo de su época, no sin experimentar resistencia al persuadir a la gente para abandonar su zona de confort. ¿De qué manera el joven carpintero de Nazaret fue capaz de conmocionar al mundo para que hoy sus ideas sigan siendo relevantes cuando han transcurrido más de dos mil años? ¿Cuál fue su secreto para ser un adelantado a su época? 

Este estudio no pretende ser definitivo ni mucho menos, desde luego pueden darse otras perspectivas del mismo fenómeno, no obstante, nos ha parecido bien analizar el preámbulo del inicio del ministerio de Jesús como punto de partida para establecer una relación entre este y el binomio creatividad-innovación. Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas muestran a Jesús siendo llevado por el Espíritu al desierto, este hecho sostiene su total dependencia, como ser humano, a la voluntad divina, noción que se extrae del constructo economía divina.

A menudo se ve al Señor en oración, apartándose a lugares tranquilos para meditar. En medio del bullicio, de la agenda itinerante se hacía espacio para encontrarse cada día con su Padre Celestial y discernir su voluntad, tal ejercicio implicaba un descanso para la mente y un tiempo de relajación en el cual surgieron interesantes descubrimientos. Hacer del encuentro diario con la mente creativa suprema un hábito, faculta a todo ser humano para la mejora continua. 

Estaremos de acuerdo con White cuando menciona que: “Cada ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer” (1989, p. 371), estas características están estrechamente vinculadas con los procesos creativos y de innovación. Cada hijo e hija de Dios es una persona potencialmente creativa. Desde el primer momento en que el señor Jesús hizo trabajo de campo para reclutar discípulos, se manifestó su intención de hacer las cosas de manera diferente, ningún maestro respetable, según las normas imperantes, se habría dirigido al vulgo para compartir sus enseñanzas, antes habría optado por establecerse en alguna comunidad excluyendo pobres, enfermos, mujeres, etcétera, en vez de realizar un ministerio tan dinámico e inclusivo como el de Jesús. 

En la ribera del lago de Genesaret se había agolpado una multitud hambrienta de la Palabra de Dios y, lejos de distanciarse, el Señor se acercó a una humilde barca desde la cual enseñaba palabras de vida. Entre los que oían el mensaje, había un pequeño grupo de pescadores que habían tenido una jornada improductiva, seguramente con ánimos decaídos aquellas palabras debieron haber resultado un bálsamo restaurador. Podemos inferir esto pues al final de su discurso, Jesús impelió a Simón a adentrarse mar adentro, hacer un nuevo intento de pesca, ya las redes habían sido lavadas, pero este era un acto de fe, el maestro estaba llevando al límite la lógica humana a fin de cruzar el umbral hacia lo portentoso. 

El resto es historia, fue tal la abundancia de peces que fue necesaria la asistencia de la otra embarcación, ambas barcas rebosantes. Un suceso sin precedente para estos rutinarios hombres de pesca que ahora eran testigos del poder de Dios. Pero el mayor milagro de esa tarde consistió en el llamamiento de Jesús a Simón, Jacobo y Juan para que fueran sus discípulos. El único requisito, hacer las cosas diferente. Les dijo: contra toda lógica, desde hoy, seréis pescadores de hombres y mujeres.

Hablar de lo revolucionario que fue el ministerio de Jesús es relativamente sencillo, replicarlo es otra cosa, es fácil hablar del amor al prójimo, pero qué difícil es hacerlo. Doce fueron los afortunados para integrarse a un círculo más íntimo de formación, durante los siguientes tres años y medio contemplarían a detalle la revelación de Jesucristo. 

Aunque Jesús tenía diversos métodos para enseñar, el arte de las preguntas ocupa un sitio especial en su didáctica, un tanto similar a la mayéutica de Sócrates (Kulishenko, 2015) como medio de enseñanza respetuoso con la individualidad del aprendiz y procurando que este llegue a la construcción de la verdad mediante un proceso reflexivo de tal suerte que se promueve el pensamiento crítico y la creatividad (Bravo, 2007). 

Asimismo, El Señor, implementó el uso de parábolas y la narrativa al acercarse a las mentes precoces de sus escuchas que nunca habían sido considerados dignos de recibir el tesoro del conocimiento. Por donde se quiera ver, Jesús fue un innovador que trajo el brillo del Cielo a la Tierra y las tinieblas de la ignorancia fueron disipadas. 

Hoy se habla mucho de la necesidad de innovar, es una tendencia en las redes por la búsqueda de personas creativas en todos los ámbitos, cuidado del medio, economía, política, educación y, por supuesto, en la vida religiosa. El presente siglo es un enorme desafío para innovar en el cristianismo, un mundo posmoderno que demanda expresiones de fe que sean genuinas, diálogos horizontales no prescriptivos y la influencia del testimonio antes que el dogma. 

Curiosamente, en este tiempo, estamos en condiciones similares a las de Simón, Jacobo y Juan como aquel día que fueron llamados a seguir a Jesús, pues hoy también tenemos redes en nuestras manos, redes sociales que es preciso lavar antes de usarlas en el nombre del Señor, redes para llevar un mensaje de esperanza a fin de ser pescadores de seres humanos.

Convertirse en discípulo de Jesús conlleva convertirse en una persona creativa, buscar la innovación en el contexto de reformas y no de disidencia. Ser un discípulo creativo implica la interacción con el Espíritu Santo, imbuirse en su dinamismo con el propósito de entrar en la sinergia del Espíritu pues, “Una persona llega a ser creativa cuando se pone bajo el soplo del Espíritu Santo Creador y se deja guiar por él” (Monroy, 2010).

Jesús fue un innovador por excelencia, al tiempo que los judíos esperaban un mesías político, militar o monástico, Él se reveló a sí mismo como un Mesías de orden divino al comparase con el Templo, lugar de la presencia de Dios, y que venía a salvar a la humanidad, no a una nación (Mueller, 2020), no es de extrañar que incomodara a las clases de altos dirigentes pues el nuevo paradigma que vino a instaurar era contrario a la opulencia de estos.

A veces, ser creativo e innovador supone sacrificio, al Señor le costó la vida en ello, pero el mundo necesita valientes agentes de cambio, resueltos a transformar a través del poder de un testimonio genuino. Así como Simón, Jacobo y Juan, tú y yo somos llamados a ser discípulos creativos.
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Referencias 

Bravo, A. (2007). El estilo pedagógico de Jesús: Las preguntas. REXE. Revista de Estudios y Experiencias en Educación, (12), 123-128. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=243117030007 

INITE (2011). Diseño de proyectos de Innovación Educativa (2.ª ed.). INITE. 

Kulishenko, M. (2015). La arte de pregunta. 

Monroy Ballesteros, B. (2010). Nuestro afán de creatividad: Una palabra desde la teología. Revista Espíritu y Vidahttp://antonianumroma.org/affiliati_materialiView.php?lg=it&id=90

Mueller, E. (2020). El Jesús innovador. Adventist World.

White, E. (1989). Mente, carácter y personalidad (T. 1). Asociación Cada Editora Sudamericana.

#RPSP | Ezequiel cap. 16